Introducción
La salsa bechamel es una de las preparaciones básicas más importantes de la cocina europea. Cremosa, delicada y extremadamente versátil, sigue siendo una salsa fundamental para preparar lasañas, canelones, croquetas, verduras gratinadas y muchísimas recetas tradicionales.
Aunque hoy suele asociarse principalmente a la cocina francesa, muchos historiadores gastronómicos creen que sus orígenes podrían ser todavía más antiguos y estar ligados a la cocina italiana renacentista. Si quieres saber mas sobre la historia de la salas bechamel puedes descubrirla acqui.
Sea cual sea su verdadera historia, lo cierto es que una buena salsa blanca preparada en casa tiene un sabor y una textura completamente diferentes a las versiones industriales.
Personalmente prefiero una bechamel más ligera y elegante, utilizando menos mantequilla y harina que muchas recetas clásicas. De esta manera obtenemos una salsa cremosa que acompaña los demás ingredientes sin cubrir completamente sus sabores.
Además, si buscas una alternativa más ligera o sin productos lácteos, también puedes probar mi versión de bechamel sin leche.
Ingredientes
Ingredientes principales
- Leche 500 ml (entera)
- Mantequilla 30 g
- Harina de trigo 30 g
Equipo
- 1 Olla (pequeña)
- 1 Batidor
- 1 Cuchara de madera
- 1 Colador
Instrucciones
Vertemos la leche en una olla y la calentamos a fuego medio durante unos minutos.
La leche debe quedar caliente, pero nunca hervir.
En otra olla derretimos la mantequilla a fuego bajo.
Cuando empiece a espumar ligeramente, añadimos la harina previamente tamizada.
Mezclamos continuamente utilizando una cuchara de madera o unas varillas.
Poco a poco la mezcla comenzará a tomar un color ligeramente dorado y un aroma más tostado.
Este paso se conoce como roux y es la base técnica de la salsa bechamel.
Cuando el roux tenga un color ligeramente avellana, empezamos a incorporar la leche caliente poco a poco.
Mientras añadimos la leche seguimos removiendo constantemente con las varillas.
Al principio la mezcla parecerá muy espesa, pero poco a poco la salsa irá tomando una textura cremosa y uniforme.
Seguimos cocinando durante aproximadamente 5 minutos hasta alcanzar la densidad deseada.
Añadimos sal, pimienta negra y una pizca de nuez moscada recién rallada.
La nuez moscada aporta ese aroma clásico tan característico de una buena salsa blanca tradicional. Si no te gusta puedes obviarla con pimienta blanca.
Cómo saber si la bechamel está lista
La salsa debe cubrir ligeramente la cuchara sin quedar excesivamente líquida ni demasiado pesada.
Es importante recordar que la bechamel seguirá espesando ligeramente mientras se enfría.
Trucos y consejos
Para lasañas y canelones recomiendo mantener una textura algo más fluida. Una bechamel demasiado espesa puede volver el resultado final más pesado y pastoso.
Añadir leche caliente al roux ayuda muchísimo a evitar la formación de grumos y permite obtener una salsa más lisa y homogénea.
Tamizar la harina puede parecer un detalle pequeño, pero ayuda muchísimo a reducir la formación de grumos en la salsa final.
Preguntas y respuestas
Normalmente ocurre porque la leche se añadió demasiado rápido o porque el roux no se mezcló correctamente. También ayuda mucho tamizar la harina antes de cocinarla.
Si la salsa bechamel tiene grumos, podemos colarla utilizando un colador fino mientras todavía está caliente. De esta manera obtendremos una salsa mucho más lisa y uniforme sin alterar su textura.
Simplemente debemos seguir cocinándola unos minutos más mientras removemos constantemente.
Podemos añadir poco a poco más leche caliente hasta obtener la consistencia deseada.
La harina de trigo común funciona perfectamente para preparar una bechamel clásica.
La bechamel se utiliza en lasañas, canelones, croquetas, verduras gratinadas, crepes salados y muchas otras recetas tradicionales.
Puede conservarse aproximadamente 2 o 3 días dentro de un recipiente hermético en el refrigerador.
