Nabo

Descripción
El nabo puede comerse crudo o cocido, aunque su sabor cambia bastante según la preparación. Crudo tiene una textura firme y crujiente, parecida al rábano, con un punto ligeramente picante. Cocido se vuelve más tierno, suave y delicado, con un sabor vegetal y algo dulce.
Es muy común en caldos, potajes, sopas y guisos, porque aporta fondo sin dominar demasiado. También se puede asar al horno, saltear, preparar en puré o cortar en láminas finas para ensaladas frescas.
Los nabos pequeños suelen ser más tiernos y menos fibrosos. Los más grandes pueden tener un sabor más fuerte y una textura más dura, por eso conviene cocinarlos bien o usarlos en recetas largas como caldos y estofados.
Combina muy bien con
Verduras: zanahoria, apio, cebolla, ajo, puerro, patata, col, calabaza, chirivía, espinacas y tomate.
Hierbas y especias: perejil, tomillo, laurel, romero, pimienta negra, comino, nuez moscada, pimentón y cilantro.
Proteínas: pollo, ternera, cerdo, cordero, pescado blanco, huevos, lentejas, garbanzos y alubias.
Cereales y otros ingredientes: arroz, cebada, quinoa, pan, mantequilla, aceite de oliva, nata, queso, yogur, limón y mostaza.
Preparaciones donde destaca: caldos, sopas, guisos, purés, verduras asadas, ensaladas crudas y platos de invierno.
Mejor evitar o usar con cuidado con
El nabo debe usarse con cuidado en platos muy delicados, porque si está crudo o poco cocido puede aportar un sabor picante y terroso que no siempre encaja.
También conviene no usar demasiado en purés suaves si se busca una textura muy dulce o cremosa, ya que puede dar un toque vegetal más marcado. En ensaladas, es mejor cortarlo muy fino para que su textura no resulte demasiado dura.
Los nabos grandes pueden ser más fibrosos o intensos, así que funcionan mejor en cocciones largas que en preparaciones frescas.
