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Pan de calabaza casero con forma de calabaza

Pan de calabaza casero con forma de calabaza

Este pan de calabaza combina una miga suave y aromática con una presentación espectacular. Gracias a una sencilla técnica con cuerdas de cocina, el pan adquiere la forma de una pequeña calabaza, convirtiéndose en una receta perfecta para los meses de otoño.
Preparación
340
min
Cocción
60
min
Total
400
min
Porción
6
personas
Calorías
240
kCal
Dificultad
fácil

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Introducción

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Hay dos cosas que me hacen esperar con ganas la llegada del otoño: las primeras recetas con calabaza y el momento de volver a preparar pan en casa. Este pan de calabaza reúne ambas pasiones en una sola receta.

La pulpa de calabaza aporta humedad, color y un sabor delicado que combina muy bien con el romero y las semillas de calabaza. Además, gracias a una sencilla técnica con cuerdas de cocina, el pan adquiere la forma de una pequeña calabaza que llama inmediatamente la atención cuando llega a la mesa.

Aunque su aspecto pueda parecer elaborado, la preparación es bastante sencilla y el resultado sorprende tanto por su sabor como por su presentación.

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Ingredientes

Ingredientes principales

Equipo

  • Vaporera
  • Bol
  • Rasqueta de panadero
  • Cuerdas de cocina
  • Bandeja de horno
  • Papel para hornear

Instrucciones

1
cortar calabaza

Cortamos la calabaza en gajos.

2

La cocinamos al vapor durante aproximadamente 30 minutos o hasta que esté completamente tierna.

Para comprobar la cocción pinchamos la pulpa con un tenedor. Si entra fácilmente, la calabaza está lista.

3

Aplastamos la pulpa de la calabaza con un tenedor hasta obtener un puré homogéneo.

Dejamos enfriar unos minutos.

4

En un bol grande colocamos la harina y la levadura fresca desmenuzada.

Mezclamos ligeramente con las manos.

Añadimos el puré de calabaza.

Comenzamos a amasar.

Agregamos poco a poco el agua.

Cuando lleguemos a los últimos 20 ml de agua, disolvemos la sal y la incorporamos a la masa.

Seguimos amasando hasta obtener una masa uniforme.

Transferimos la masa a la mesa de trabajo y continuamos amasando durante unos 10 minutos.

Durante los últimos 2 minutos añadimos lentamente el aceite de oliva.

5

Primer reposo

Colocamos la masa en un bol.

Tapamos.

Dejamos reposar durante 20 minutos.

6

Transferimos la masa a la superficie de trabajo.

La estiramos ligeramente.

Realizamos varios pliegues llevando los bordes hacia el centro.

Repetimos el proceso varias veces.

Finalmente formamos una bola bien sellada.

7

Colocamos la masa en un bol grande.

Tapamos con papel film.

Dejamos fermentar durante 3 o 4 horas en un lugar cálido hasta que doble su volumen.

Un horno apagado suele ser un lugar ideal para esta fermentación.

8

Enharinamos ligeramente la superficie de trabajo.

Volcamos la masa fermentada.

Realizamos nuevamente algunos pliegues para reforzar la estructura.

Formamos una bola bien tensa.

Cortamos cuatro cuerdas largas de cocina aptas para uso alimentario.

Las colocamos cruzadas sobre la mesa formando ocho segmentos.

Situamos la masa en el centro.

Atamos las cuerdas alrededor de la masa sin apretarlas demasiado.

Durante la fermentación y la cocción las cuerdas crearán los característicos surcos que darán al pan la forma de una calabaza.

Dejamos reposar durante una hora.

9

Rociamos ligeramente la superficie con agua.

Distribuimos las semillas de calabaza dentro de los surcos marcados por las cuerdas.

Añadimos unas hojas de romero fresco.

10

Precalentamos el horno a 220 °C.

Horneamos durante 20 minutos.

Reducimos la temperatura a 180 °C.

Continuamos la cocción durante 40 minutos más.

11

Sacamos el pan del horno.

Esperamos a que se enfríe completamente.

Retiramos cuidadosamente las cuerdas.

Servimos.

Trucos y consejos

La humedad de la calabaza puede variar ligeramente según la variedad utilizada. Si la masa te parece demasiado firme durante el amasado, puedes añadir una pequeña cantidad adicional de agua.

Preguntas y respuestas

Las variedades de pulpa firme y dulce suelen dar los mejores resultados para esta receta.

Sí. Una vez frío puede congelarse entero o cortado en rebanadas.

Sí. También combina muy bien con tomillo o salvia.

La humedad natural de la calabaza puede variar según la variedad utilizada y su grado de maduración.

La clave está en utilizar las cuerdas correctamente y no tensarlas demasiado para permitir que la masa crezca durante la fermentación.

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